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PSOE

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) es un partido político español que se sitúa en la centroizquierda del espectro político. Durante la década de 1980 estuvo dirigido por el secretario general Felipe González.

Historia Editar

El PSOE obtuvo la confianza de los españoles en cuatro convocatorias electorales sucesivas, 1982, 1986, 1989, 1993, las tres primeras con mayoría absoluta, llegando a gobernar consecutivamente casi catorce años. Gestionó a lo largo de ese periodo un inmenso caudal político que le permitió transformar el país en los más diversos campos, por medio de su gestión en ayuntamientos, comunidades autónomas, gobierno de España, Europarlamento y Comisión Europea. Al mismo tiempo, la concentración de un poder tan amplio en el PSOE favoreció el surgimiento de fenómenos de clientelismo, amiguismo y corrupción cuya proliferación acabó minando la confianza de los españoles en el proyecto político socialista.

Tras la aplastante victoria de 1982, el PSOE se benefició de la descomposición de la extinta UCD, integrando a los sectores más socialdemócratas de la coalición centrista. Entre ellos, cabe destacar a Francisco Fernández Ordóñez que, junto con su pequeño Partido de Acción Democrática, se unió al socialismo español el mismo 1982. Fernández Ordóñez desarrollaría posteriormente una brillante carrera en los Gobiernos socialistas, en los que desempeñó la cartera de Asuntos Exteriores desde 1985 hasta 1992.

La mayoría de los ministros designados por Felipe González para sus gabinetes fueron varones, todos civiles. Estos gobiernos avanzaron en la estabilidad democrática, en riesgo tras el intento de golpe de estado de 1981. Se consagró definitivamente la hegemonía del poder civil; culminó el proceso, comenzado por la Unión de Centro Democrático, de integración a España en la Unión Europea, firmando el tratado de adhesión a la CEE el 1 de enero de 1986; consiguió un amplio respeto internacional; estrechó los lazos políticos, culturales y económicos con Latinoamérica y el Magreb; amplió el compromiso de España en la Organización del Tratado del Atlántico Norte; impulsó el modelo político del Estado de las Autonomías; dio mayor efectividad al reconocimiento de los derechos civiles; sentó los pilares básicos y desarrolló el Estado del Bienestar que llegaba a España con décadas de retraso respecto de los países avanzados de su entorno; modernizó la economía, a costa en muchas ocasiones de dolorosas reformas y graves tensiones con los trabajadores; prosiguió el desarrollo de infraestructuras; generalizó las pensiones, instituyendo las no contributivas; universalizó la sanidad; reguló la producción agrícola e hizo desmantelar industrias cuya competencia generaba problemas en la Comunidad Europea; amplió la protección del desempleo; generó una cierta conciencia medioambiental; reformó la educación a través de las leyes de Derecho a la Educación (LODE), de Reforma Universitaria (LRU) y General del Sistema Educativo (LOGSE), introduciendo el modelo comprensivo, ampliando la educación obligatoria hasta los 16 años y reforzando la autonomía de las Universidades; y puso en marcha políticas de igualdad.

El modelo desarrollado por el PSOE a partir de 1982 por casi década y media no seguía el proyecto socialista tradicional, sino que atendió muchas necesidades de grandes y pequeños capitalistas. La política económica de los primeros años, que tuvo que hacer frente a la gravísima crisis económica internacional, supuso imponer duras reconversiones industriales en distintos sectores productivos y produjo fuertes enfrentamientos entre el Gobierno socialista, el PSOE y su sindicato hermano, la Unión General de Trabajadores. Estos enfrentamientos culminaron con el apoyo del sindicato socialista a la Huelga General de 1988 y el abandono del líder de la UGT, Nicolás Redondo, de la Ejecutiva del PSOE. Ambos episodios simbolizaron la ruptura de la unidad del movimiento socialista en España y la separación del Partido y el Sindicato fundados por Pablo Iglesias.

Otra de las decisiones más polémicas y que generaron mayores tensiones en la izquierda española fue la permanencia de España en la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Aunque el PSOE se había opuesto a la adhesión, tras llegar al gobierno la mayoría de los líderes del partido pasaron a apoyarla. El gobierno celebró un polémico referéndum (algunos criticaron la evasiva gubernamental a usar en la pregunta el nombre oficial de la OTAN y emplear, en su lugar, el término de Alianza Atlántica) sobre el tema en 1986. Tanto el gobierno como el partido pidieron el voto favorable a la permanencia en la estructura militar y ganaron, aunque el asunto generó profundas divisiones y enfrentamientos en el seno del socialismo. Tanto es así, que el mismo año del referéndum el PSOE sufrió la deserción de numerosos dirigentes y militantes opuestos al giro atlantista de Felipe González, que acabaron confluyendo en la nueva coalición Izquierda Unida, nucleada en torno al Partido Comunista de España. El símbolo más ilustrativo de este complejo viraje socialista es Javier Solana, que había hecho campaña contra la OTAN cuando el PSOE estaba en la oposición pero acabó siendo nombrado Secretario General de dicha organización en 1996.

La formación de Izquierda Unida supuso un cierto debilitamiento del Partido Socialista, particularmente en su ala izquierda. No obstante, en el año 1991 se integró en el PSOE el pequeño Partido de los Trabajadores de España-Unidad Comunista, escindido del PCE tras la destitución de Santiago Carrillo como secretario general y finalmente convertido en la corriente de opinión Unidad de la Izquierda en el seno del socialismo.

Durante estos años, los cargos, las sedes e incluso algunos militantes de base del PSOE y Alianza Popular-Partido Popular fueron objetivo de las organizaciones terroristas vascas Euskadi Ta Askatasuna, Comandos Autónomos Anticapitalistas y grupos afines. Por su parte, varios altos cargos del PSOE (entre ellos, ministros, secretarios de Estado y otros responsables gubernamentales) fueron condenados como responsables de la financiación y dirección del terrorismo de Estado de los Grupos Antiterroristas de Liberación, así como de apropiarse del dinero público destinado a la lucha legal contra esta delincuencia.

Todos estos escándalos, junto a la crisis económica de 1993 y otros episodios de corrupción (el caso del presunto tráfico de influencias del que sé acusó a Juan Guerra, hermano del vicepresidente del gobierno Alfonso Guerra; el caso Ibercorp donde estaba implicado el gobernador del Banco de España, Mariano Rubio; el del Director General de la Guardia Civil Luis Roldán, y otras irregularidades en la gestión de infraestructuras y recursos públicos, como la empresa pública Intelhorce, el BOE o el proyecto AVE Madrid-Sevilla), erosionaron la popularidad de Felipe González y la credibilidad de su Gobierno. Este desgaste, unido al agotamiento de un proyecto que se había mantenido durante 14 años al frente del país, y a la dura oposición ejercida por el Partido Popular; propiciaron la derrota en 1996 del PSOE en las elecciones, con lo que el PP llegó al poder y el PSOE fue relegado a la oposición.

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